CUERPOS DE MEMORIAS
El laboratorio creativo es una estrategia y una metodología de trabajo con la comunidad, donde nos encontraremos con un grupo de jóvenes y adultos para cocrear y develar memorias a través de la revisión y el análisis de los archivos fotográficos, las historias de vida, las derivas, la exploración del territorio desde otras miradas sensitivas y encuentros con la otra, con el otro y con lo otro, que nos lleve a procesos creativos colectivos que permitan instaurar cuerpos, lugares, momentos de memorias.
Para ello es necesario dentro de este marco conceptual definir lo que entendemos por laboratorio colaborativo, creativo y colectivo, sus cualidades o particularidades, el papel mediador del equipo investigador y facilitador del proceso y el protagonismo de las voces y cuerpos de los jóvenes y adultos participantes.
El laboratorio cocreativo lo entendemos a partir de la definición de Marcell, M. (2012) como:
Escenarios en los que se potencia el encuentro, se resignifica y dimensiona de manera tal que aproximarse al otro se convierte en un desafío que implica reconocerse como canal que interpela, que comunica, que conecta percepciones, modos de hacer, pensar y construir el mundo, partiendo del extrañamiento de sí mismo y de lo otro, del otro. (pág. 93).
La construcción del conocimiento se da a partir del trabajo y el encuentro con los otros, este conocimiento o experiencia puede ser socializada de diversos modos; a través de la construcción de relatos e historias, del compartir e interactuar con personas que hacen parte del barrio o el territorio y por último a partir de narrativas visuales, implementando lenguajes simbólicos, plásticos y corporales propios de las artes plásticas y visuales. Cuando implementamos otros espacios o formas de ver estos espacios (aulas) estamos generando un cambio frente a los procesos donde se imparte una serie de contenidos simplemente para abordar conceptos y formar hábitos y conductas en los participantes, donde su participación es pasiva y sin mucho énfasis en la reflexión e interacción con distintos modos de ver e interpretar las realidades o las temáticas propuestas.

Las experiencias de aprendizaje vividas en los laboratorios con jóvenes y adultos permitieron generar aprendizajes trascendentes para hacer revisiones en los imaginarios sobre patrimonios inmateriales, las memorias vivas, su puesta en valor y la resignificación de los espacios, los hitos de memorias, los archivos familiares y las memorias que habitan cada una de las personas de un círculo social. Dándole importancia y mayor relevancia siempre a la historia de vida, al nombre y al cuerpo propio de cada persona participante y cocreadora en este proceso. Dentro de los laboratorios se realizaron momentos de reflexión pedagógica a partir de la aplicación de los encuentros como estrategias didácticas, que, si bien respondían a unos objetivos definidos, eran flexibles a lo que aparecía en cada experiencia o encuentro, permitiendo el espacio, la opinión, la apropiación, la escucha, la observación, la aceptación a la propuesta de los otros como pares creativos y narrativos. Estas características generaron el respeto a los acuerdos, un ambiente de confianza, aceptación de las provocaciones, estímulos y disposición, creatividad de los participantes frente a las actividades, ejercicios para hallar nuevas narrativas y mantener el deseo de ser partícipes de estos encuentros.
Este proceso pedagógico y las estrategias didácticas planteadas respondieron a los acontecimientos que se devinieron, no solo durante los laboratorios creativos, sino también durante los encuentros con los personajes y espacios de memorias, y durante los diálogos de saber, de donde surgieron tejidos de afectos, pero también, la reflexión y el intercambio de conocimiento, pues se motivó desde los intereses y necesidades de un contexto y una población, se partió de los conocimientos previos o experiencias de cada participante, se exploró frente a un tema de interés como sus propias vivencias, se escuchó al otro, se confrontó el saber, se crearon acuerdos, se construyó de manera colectiva y se reflexionó hasta develar diversas capas de memorias y resignificar los imaginarios sobre los patrimonios materiales, inmateriales y esos rasgos incómodos de lo que hemos sido como cultura.
Procesos pedagógicos, que trascendieron también los espacios configurados como formativos dentro de los laboratorios y se instauraron en los encuentros ocasionales dentro de los barrios, especialmente en Manrique, donde habita una de las artistas coinvestigadoras. Conversaciones de esquinas, cafés, tiendas, aceras, zaguanes de viviendas, cruces de semáforos, que fueron testigo de narraciones de vecinos que quisieron conversar, que se propusieron ansiosos de ser escuchados y de contar sus propias versiones de la historia del barrio o propusieron a otros para que narraran, porque reconocen en sí mismos o en los otros, el conocimiento valioso que tienen sobre un territorio porque lo han habitado durante largo tiempo, lo han sentido, vivido y han creado sentido de pertenencia hacia él. Dan cuenta de ello frases como “Ya quedan muy pocos de aquella época que podamos contar la historia” “Yo sé quién tiene información sobre el Manrique Viejo, quien le puede contar con detalles”, “La familia Pérez son de los más antiguos en el barrio, ellos te cuentan historias y te muestran fotos”, “Entreviste a doña Gladis ella tiene buenas historias de Manrique”, “Yo le puedo hablar de los cafés, los teatros y la rumba en la época del tango”, “Voy a planear un encuentro con las excompañeras del colegio, que era donde yo vivo ahora, para que hablemos sobre el barrio y aquellas épocas”. Ecos de cuerpos de memorias, que evocan lugares de memorias.