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Encuentro de Memorias: Construyendo memorias. 

Se realizó un primer encuentro de memorias vivas en Manrique. Evento de socialización de los lugares de memorias en la corporación ImaginEros. Con asistentes adultos y jóvenes del barrio. Se presentaron muestras de video, audio, fotografía, tertulia a partir de historias estimulantes para narrar memorias como el nacimiento del barrio Manrique. Y finalmente un compartir y ritual de siembra como inicio de este proceso donde sembramos memorias e invitamos a develarlas y reconocerlas juntos.  Dentro de este evento, se compartieron los inicios del proceso de investigación en el barrio, los alcances propuestos y la importancia de la participación de sus habitantes en este proceso, reconociendo sus historias de vida como un patrimonio para el territorio. Unas memorias vivas que configuran y reconfiguran las memorias colectivas de cada lugar y que se pueden resignificar desde la puesta en valor, apropiación y resignificación de maneras cocreativas y colaborativas.

Dentro de estos lenguajes simbólicos y plásticos identificados, emergió dentro de los participantes de Manrique la necesidad de hablar desde lugares comunes como las manifestaciones artísticas y culturales, salieron a flote así, temas como la música, la danza, los quiebres históricos dentro del territorio, los puntos de encuentro, los lugares del ocio, goce y encuentro espiritual. Se habló así del tango, la milonga, la salsa pesada, las tangovías, el café Manrique, el café Alaska, el Rincón de Leo, la Casa Gardeliana, los teatros Lux y Manrique; ahora la Casa de la Cultura y el Inder, La Piloto (Unidad Hospitalaria Manrique "Hermenegildo De Fex"), la rotonda de la virgen del Carmen, la iglesia el Señor de las Misericordias, el convento que colinda con el barrio Prado, las estaciones del tranvía ahora estaciones del Metroplús y la estatua de Gardel, entre muchos otros que han ido llegando al barrio posicionándose desde varios puntos con sus sonidos, colores e imágenes que van dando carácter a un territorio y lo van identificando dentro de una ciudad, espacios nuevos que algunos como habitantes del barrio critican, cuestionan, relacionan con otros momentos de la historia de Medellín y el conflicto social, pero que también, hay otros que los disfrutan, los curiosean y los incorporan dentro de sus cotidianidades, espacios que hablan, de manera simbólica o directamente, de otras realidades, otras dinámicas e interacciones sociales muy diferentes a las de los años previos a la construcción del Metroplús, identificando aquí aquello que podríamos llamar memorias incómodas, rastros del sicariato y de las nuevas estructuras del crimen, apologías al narcotrafico, al turismo sexual y al consumo de sustancias.  Las memorias incómodas también habitan en Prado Centro: la creciente migración, los desplazamientos, el despojo,  las nuevas vecindades y la proliferación de inquilinatos son una marca de algo que habita y circunda el territorio, de los que muchos hablan en voz baja o prefieren no mencionar, de los que muchos ven como el punto de quiebre, pero que otros disfrutan sin importar o sin entender lo que pasa, porque se está inmerso en otros intereses, necesidades y sobrevivencias.

Relación entre el arte y la vida misma

Durante la investigación, ocurrió un evento muy relevante y fue el deceso de Don Jaime Rojas, El sastre de Manrique, el pasado 25 de julio de 2022.  El sastre de 82 años, habitante del barrio, quien participó del proceso, nos compartió algunas de sus historias y a través de su hijo Javier Rojas, nos conectó con otros participantes. Frente a su ausencia como contenedor de memorias vivas y como huellas de la historia actual de un barrio y un tiempo específico, expresaron frases como “Él estaba feliz contando sus historias y sobre todo sabiendo que eran videos e imágenes que quedarán para la posteridad”. “Me gustaría saber cómo contaba don Jaime la historia de Manrique”, “A mí también me gustaría contar mi historia, yo tengo muchos recuerdos del barrio y aquellas épocas en la sastrería”.  Este evento, de nuevo, conduce al equipo investigador a considerar las relaciones entre el arte y la vida, las maneras como se asumen unos lugares y se construyen unos cuerpos para resistir los avatares de la existencia (Pabón. 2014).

El interés suscitado por las experiencias dentro del laboratorio, los encuentros con las personas participantes y habitantes de los barrios, permitió evidenciar una necesidad de tanto jóvenes, como adultos, de encontrarse con el otro, reconocerse en sus historias, encontrar puntos en común, develar el recuerdo juntos, y sobre todo, hacerlo evidente. Se sintieron escuchados y reconocieron que la palabra patrimonio no es algo lejano a ellos, ni inmóvil, determinante sólo de aspectos arquitectónicos y de reconocimientos legales ante entidades estatales, sino que sus narrativas son también susceptibles de ser nombradas como parte de los patrimonios inmateriales y las memorias vivas de nuestras comunidades, por lo tanto, las historias personales y colectivas entran dentro de esta categoría. 

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