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ENCUENTROS DE MEMORIA - CUERPOS DE MEMORIAS

La Morocha:

Olga Beatriz Vélez, una mujer de más de 60 años, quien fue bailarina desde niña, participó de varios ballets clásicos, pero luego se dedicó al tango, participó de varias giras internacionales y  estuvo casada con un cantante Argentino Roberto Lamas, con quien administró durante una larga temporada la Casa Gardelina, dinamizando este espacio, gestionando eventos y promoviendo el tango y a Manrique y Medellín como la capital del tango en Colombia. Vivió en unos apartamentos que construyeron detrás de la casa Gardeliana y allí tuvo a su primer hijo.

 

Es una mujer apasionada con la historia, segura de lo que dice, de piel trigueña, cabello corto y gafas. Llegó a vivir al barrio Manrique en los años ochenta, pero ya lo frecuentaba desde antes participando como bailarina de las tangovias. Vivió el auge del tango y las transformaciones que se han dado desde la construcción del Metroplús y desde las nuevas configuraciones del barrio donde el tango cada vez se desfigura más

Jaime Rojas:

Señor de 81 años de edad, cuya profesión y oficio fue la de sastre. Tuvo su sastrería sobre la avenida 45 y con la llegada del Metroplús, y al mismo tiempo, por problemas de salud, decidió dejar de ejercer. En este encuentro se develan memorias con sus relatos, con su historia de cómo llegó a ser sastre, cómo sus trajes llegaron a vestir a modelos famosas y cómo hicieron parte de la cultura del tango y de la elegancia que se vivía en los años 60 en el barrio Manrique.

 

Es un señor con problemas de EPOC que depende de su conexión al oxígeno, muy conversador, espontáneo y con deseos de dar a conocer su historia y la de Manrique. Le gusta ilustrar con sus manos lo que va contando y comparte su archivo fotográfico, y los elementos que aún conserva relacionados con la sastrería.

Pablo González:

 

Hombre de más de 70 años, sufre de parkinson. Nació en el barrio Manrique y cada día lo recorre a pie como terapia para su cuerpo que lucha por mantenerse en pie y ser independiente. Ha vivido y se ha transformado con el barrio desde que sus calles eran empedradas, habitado por familias extensas como la de él que tenía 7 hijos..

 

Es un hombre de un promedio de 1.70 m de estatura, de piel trigueña,de cabello y barba canosa, porta un escapulario en su cuello acompañado por otro dije religioso, usa gafas por momentos, se mantiene sentado en una silla rimax rojas sobre la acera de la carrera 44 con la calle 70 del barrio Manrique Central, conversa con todos los vecinos, camina todos los días el barrio, tiene muy buena memoria y puede narrar tranquilamente ese aire que se vive en un territorio que ha pasado por el tango, el efecto Pablo Escobar, los antiguos teatros de cine, la construcción del Metroplus,  y las nuevas edificaciones y estilos de vida que se imponen. Es un hombre pausado en su hablar y con mucho que contar.

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